domingo, 3 de julio de 2011

Manos Rojas [Edwin]

MANOS ROJAS

Estaba despierto o dormido, no lo sabía, pero tenía las manos envueltas en sangre, quería ver que era lo que había al frente mío, pero una obscuridad absoluta no me dejaba ver.


Un adolescente llamado Pablo de 15 años, vivía con su madre y su hermana mayor – Ana –.Alejados de la ciudad, su madre todas las mañanas salía a trabajar a la ciudad, en una oficina de la corte superior, Pablo y su hermana se quedaban solos en casa, su hermana mayor salía las horas en que su madre no se encontraba y dejaba solo a su hermano; sabiendo que sufre de una enfermedad traumática en el cerebro. Había dejado de estudiar por aquella enfermedad.


Tenía sueños raros, siempre se veía corriendo, agitado y con las manos de sangre, pero nunca veía porque corría y tenía sangre en las manos; no se explicaba el porqué de la obscuridad cuando él trataba de ver que era; al final se despertaba. Casi siempre era así, Pablo estaba cansado y asustado. Pablo era un chico impulsivo, no sabía controlarse cuando sus compañeros comenzaban a molestarlo, tanto así que llego a golpear a un alumno menor que él.

Un día la hermana de Pablo llevó a su enamorado a la casa, él observaba atentamente al enamorado de Ana, era celoso con ella, no le gustaba que su hermana tuviera relaciones con alguien desconocido, alguien… al que yo no conociera, dice: – Pablo –; veía  el comportamiento con Ana, el joven enamorado era muy confianzudo, mañoso y simplemente buscaba otras cosas con Ana; eso no le gustaba a Pablo. Él entraba en razón y comprendía que no debería meterse en relaciones de su hermana, pero volvía a su estado traumático y volvía el odio...

Después de un largo rato de observación por parte de Pablo, Ana deja a su novio en casa y ella sale a comprar pizza a la esquina de su casa dejando a su enamorado con su hermano. El chico se acercó y le pregunto: ¡Que haces en mi casa y comportándote de esa manera con mi hermana¡ -  el joven no entendió porque le hacía esas pregunta y lo ignoro; nuevamente le repitió la pregunta, hasta que el joven lo empujo y le mandó que vallase a su cuarto, el joven cogió un palo y golpeándolo en la cabeza matándolo.

– Lo maté se dijo Pablo –  mirándolo y rodeando en cuerpo lo cogió y lo arrastró hacia su patio trasero, donde tenían una huerta, hizo un hoyo en la tierra y enterró el cuerpo allí. Caminando volvió a su sala y limpio todo lo que había hecho, todo había pasado tan rápido que ni su hermana se iba a dar cuenta del hecho, volviendo a su cuarto se encerró, echado en su cama se quedó dormido.

Las manos de sangre, parecían tomates, asustado me desperté cogí un trapo y me las limpie, no sabía que había pasado – me preguntaba – pero pareciera que mi sueño se estuviera haciendo realidad. Al poco rato Ana vuelve a casa, y al no encontrar a su novio fue en busca de su hermano y le pregunto; pero Pablo sin razón alguna y sin saber que era lo que había hecho le dijo que no sabía. Ana preocupada corre hacia la huerta y ve un bulto entre la tierra al rascar la tierra y ver la ropa de su novio seguía escavando. Pablo, tras ella, asustado no sabía que era lo que pasaba y corrió hacia su cuarto y se encerró.

Cerré los ojos sin importarme nada, me quedé dormido… Después de un rato escucha golpes en la puerta de su recámara y gritos que decía. – ¡Pablo abre la puerta! – entre dormido abrí la puerta y me hermana me preguntó por su enamorado; frió y sin palabras corrí hacia la huerta y no encontré nada. ¿En dónde está? No había el cuerpo, no había tierra escavada, no había nada… ¡ah! De repente escuche un ruido en la cocina y era él, ¿No lo había matado? ¿No lo había enterrado?; con el cuerpo frió y adormecido solo vi una oscuridad que me cubría el rostro y me hacía caer al suelo.

Edwin J. Quijano Vigo

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