En el momento donde la tierra se ilumina con los primeros rayos del sol, mi entrañable amiga y yo emprendimos rumbo asía el pueblo vecino, cruzando la única carretera que unía ambos poblados; el inicio de la carretera era muy angosto y con los abismos más profundos que jamás hayan podido imaginar, cada vez que por casualidad veía alguno de sus vertiginosos costados los nervios se me alteraban tanto que por un instante tenía que cerrar los ojos y quedarme quieto; pero después de unos cuantos minutos el camino se ensanchaba y se cubría con la sombra de altos árboles y espesos arbustos que bordeaban la senda. No tomaba más de una hora recorrer todo el camino.
Cuando al fin cruzamos,fuimos directamente y sin distracciones a la casa de Hernán, un viejo amigo nuestro, que empezaba a celebrar su onomástico con una gran fiesta donde abundaba la comida y bebida; aceleradas pasaron las horas y en mitad de la noche a pesar de la insistencia de Hernán decidimos retornar a nuestras moradas; caminábamos tambaleándonos levemente por culpa del alcohol que habíamos ingerido tan amenamente.
Justo antes de pisar la carretera una oración sin aparente motivo surgió de mi boca - Siempre tenemos que caminar por aquí – llevándome a una perturbadora idea “es como si recogiéramos nuestros pasos cada vez que pasamos por esta carretera”. Luego recordé un viejo cuento que me contaba mi abuela cuando era pequeño, cuento que en ese momento compartí con mi amiga.
Era invierno y acababa una agresiva lluvia, en medio de la calle había una mujer sentada esperando a su esposo, cuando se le acerco una agitada anciana pidiéndole ayuda, ya que su hijo se encontraba en medio de una violenta contienda en uno de los puentes colgantes a las afueras del pueblo; sin que la mujer se niegue, acompaño a la anciana al rescate de su vástago, pero antes de llegar al puente, tuvo una visión con su mejor amigo recientemente fallecido:
-¡Detente! Ya no siguas caminando; hace un año atrás el hijo de esta anciana cayo del puente en una pelea y desde entonces su alma no consigue descansar en paz apareciéndose todas las noches en el puente; lo que esta maliciosa mujer intenta, es empujarte y hacer que tomes el lugar de su hijo. Así que voltea y corre sin mirar atrás, por un camino distinto al que te trajo hasta aquí o de lo contrario estarás recogiendo tus pasos – dijo el occiso
La mujer volteo horrorizada y corrió por donde ya había caminado, olvidando las palabras de su difunto amigo, pero después de recorrer pocos metros volteo para asegurarseque la anciana no la estuviera siguiendo, cayendo muerta al instante.
Una vez contada esta breve historia, se hiso presente un incómodo silencio causado por las reflexiones sobre el cuento de mi abuela y mientras más nos envolvía una densa oscuridad, sentí los temblorosos brazos de mi amiga sujetándome con fuerza.
-estamos entrando a la parte más estrecha del camino, debemos tener cuidado de no dar ningún paso en falso- dijo mi amiga resbalando y arrastrándome con ella otra vez.
Carlos Alberto Abanto Rodríguez.
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