José María Arguedas, a pesar de tener una infancia muy difícil, con la permanente ausencia de su padre y la inevitable pérdida de su madre, se convirtió en víctima de la soledad, una soledad marcada por la tristeza de tener que lidiar con la indiferencia de su madrastra y los maltratos del hijo de ella.
Siendo tan sólo un niño de ocho años, se vio reducido a ser un sirviente más de su hermanastro. Vivió la intolerancia, la crueldad y el racismo en la vida de campo. Supo lo que fue trabajar largas jornadas, como uno más de los indios compartió las duras faenas agrícolas con los peones y campesinos; sí, siendo tan sólo u niño de ocho años.
Al verse metido en el mundo de los pobres campesinos de aquella época, Arguedas concibió una perspectiva distinta de ésta. Él se había convertido en uno más de ellos, gracias al calor de las mujeres indígenas, que lo trataron como a uno de ellos a pesar de las marcadas diferencias físicas.
Al ver de cerca el sufrimiento y la injusticia con que eran tratados los indos, él se sentía ofendido y de una forma muy especial resentido con esa parte de la sociedad que se sentía muy superior a la de su nueva familia, los indios.
Quién diría que ésa fue la época que lo marcaría para siempre, las vivencias de ese período se convertirían después en un obsesionante recuerdo, la razón y la mayor inspiración para el contenido de sus obras literarias; es que hay que saber de su vida para entender su sentir y su deseo de reivindicar la raza indígena en el Perú!
Entonces es complejo de entender, pero bello al comprender que ésa fue la razón que lo motivó a defender y difundir los valores del universo indio, su música bailes y tradiciones. Aparte de dedicarse también a la literatura, la antropología y la docencia.
Es realmente impresionante su vida y la sabiduría que encontró en medio de la pobreza y el sufrimiento del trabajo en el campo, admiro los valores que supo rescatar dentro de sus penosas experiencias, y considero de gran importancia sus obras literarias. Deberíamos todos tratar de entender ese mundo de los indios peruanos que es nuestro pasado y que sigue siendo nuestro presente vigente, incansable e irreprochable; pues sabemos que de alguna manera todos dependemos del trabajo de los hermanos campesinos para poder llevarnos un pan a la boca.
Si tan sólo nos sintiéramos interesados por conocer más allá de la vida de un escritor, podremos comprender que dentro de cada persona hay un mundo entero de revoluciones que podemos adoptar como ejemplo admirable para poder, al menos intentar crear un punto de vista distinto, más sensible, equitativo, más justo, entonces podremos sentirnos dignos de llamarnos humanos.
Por: Sandra Malpica Chávez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario