Cuando niño recuerdo con sentimiento horrorizado que nuestros padres acostumbraban regalarnos hermosas muñecas, pistolas, menajes de cocina a todos sus hijos.
Mis hermanos iban desechando sus juguetes y hasta los olvidaron con el transcurso de los años; mas a mi; me gustaba conservarlos con mucho cuidado y esmero; dándole un lugar a cada uno.
Cuando llegué a la mayoría de edad, limpiándolos dí con una desequilibrada muñeca; hermosa y de una estructura fisica que deslumbraba la vista, debido a su tamaño la coloque dentro de mi ropero y la observaba, saludaba y besaba todos los días.
En la universidad trataba de buscar y hacer amistad con mujeres similares, pero muchas veces siempre recibía desprecios por lo que, llegando a mi casa; subía atropelladamente a mi cuarto, habría el mueble, la sacaba y le reprochaba lo sucedido, de lo cual me daba cuenta y me reía aunque no muy convencido de lo real.
Una noche de muchas me droguéen una discoteca, me divertía hasta que me encontré sin darme cuenta bailando con mi muñeca, empecé de cansado, le quebré las manos para que no sonriera más, para que dejara de ser coqueta, más ella siguió sonriendo hasta que terminé de despedazarla, pensando que era real mi ensañamiento la metí en una maleta y sigilosamente la enterré en el jardín, fumé casi todos los días hasta que un día terminó mi nostalgia cuando en el parque conocí otra muñeca que se enamoró de mi, era tan parecida, me miraba en sus ojos todas las noches hasta que me cansó su sonrisa.
Una noche que regresé de mis sesiones de juerga, subí mis escaleras y la encontré en la cama, veía que se levantaba y se reía de forma muy burlesca, bajé al taller y subí armado de una siera y un martillo.
Totalmenta aturdido por las drogas; le dije,muñeca levantate y ríete.¡Ella despertó y horrorizada se lanzó por la ventana; se rompió el cuello al caer; más la mueca de su rostro seguía siendo una sonrisa; por lo que con regocijo y horrorozamente corté y despedasé su cuerpo a martillazos.
Bajé y saque la maketa del jardín, inercambié los restos de la muñeca, con los de ella y los volví a enterrar en el jardín.
Para disimular su ausencia dije a mis padres que se había ido a pasar unos días de vacaciones a visitar a sus padres a su ciudad natal.
Olvidándome y sintiéndome libre de culpa, salía y regresaba sin darme cuenta que el perro estaba cerca de sacar su maleta.
Al despertarme escuché un alboroto, me acerqué a la ventana, observé policías, mi madre y mi padre; bajé apresurado y me asusté mucho al ver el cuerpo descuartizado de mi amada esposa; por lo que me puse a llorar amargamente...
Malaver Cabrera, Rubí
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