miércoles, 15 de junio de 2011

Cuentos

La Llamada
Una llamada telefónica sería la señal para saber que ya estaban en camino.  En ese momento sonó el teléfono y una gota fría de sudor recorrió su frente. ¿Sería el presagio de algo?. No era la primera vez que hacía esto.  En diez minutos estamos allá, le dijeron. Tomó una copa más para apaciguar los nervios, pero lo único que consiguió fue ponerse más ansioso; tanto que sus manos empezaron a sudar mientras caminaba de un lado a otro. Todo saldrá bien, pensó.
A los diez minutos abrieron la puerta.  Una hermosa casa con amplios y bien iluminados corredores recibía a la invitada de ese día.  Una no tan agraciada pero voluptuosa mujer hacía su ingreso camino al gran salón.
Había pasado casi una hora desde que salieron a ubicarla; es por eso que el jefe se encontraba ansioso.  Los dejaron solos y luego de tomarse algunas copas la invitó a pasar a la habitación que había sido preparada especialmente para la ocasión.  Un beso pasional fue el preambulo para tan sublime momento.  Él se acomodó en la cama para disfrutar de un relajante masaje y un calor intenso empezó a recorrer su cuerpo.  De pronto, un ruido ensordecedor generó un enorme desconcierto.  Cuatro hombres armados estaban en la habitación.  Dos de ellos sacaron a la mujer semi desnuda y los otros dos apuntaban, directamente, a la cabeza del jefe.  Esto no duraría mucho tiempo.  El mayor de sus hijos entró con los ojos llorosos y empuñando un arma.  Se dirigió despacio a donde se encontraba su padre y le dijo que esta sería la última vez que lo vería, pero que lo había buscado por mucho tiempo y que le agradecía a Dios el haberlo encontrado.  Sería la última vez que le dirigiría la palabra, pues ni eso se merecía.  que nunca más volvería a ponerle la mano encima a ninguna mujer; mucho menos a sus pequeñas hijas, sus propias nietas.  El hijo tenía el alma llena de rabia, el corazón deshecho al recordar lo que su padre había hecho a sus hijas.  Tocó lo más sagrado de un hombre, sus hijos, por eso no descansó hasta encontrarlo y hacer justicia con sus propias manos.  De un solo tiro lo mató, salió del cuarto y huyó con su familia.   (Por: Arturo Malpica R.)

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